Investigadores colaboradores del Instituto Universitario de Investigación en Olivar y Aceites de Oliva (INUO) de la Universidad de Jaén, Lorenzo León del IFAPA Alameda del Obispo y Raúl de la Rosa del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC), junto con Concepción Muñoz Díez del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba, opinan sobre el papel clave de la mejora genética del olivo.
Las variedades tradicionales de olivo muestran una enorme diversidad genética modelada por siglos de selección empírica. No obstante, el desarrollo de los sistemas en seto de alta densidad, orientados a aumentar la productividad y facilitar la mecanización, ha favorecido la expansión de un reducido grupo de variedades con características agronómicas sobresalientes.
Este sistema ofrece importantes ventajas por su precocidad de entrada en producción, estabilidad productiva y la posibilidad de una recolección totalmente mecanizada. En poco tiempo, esto ha propiciado una notable expansión de este sistema de cultivo en España y en otros países dedicados al sector oleícola.
Uno de los inconvenientes más significativos del olivar en seto radicaba en la escasa oferta de variedades adaptadas a densidades de plantación tan altas. Sin embargo, las nuevas variedades obtenidas recientemente en programas de mejora están contribuyendo a paliar dicho inconveniente. Así, los programas iniciados en España en la década de 1990 permitieron el registro de las primeras variedades modernas adaptadas al cultivo en seto, siendo la pionera ‘chiquitita’ y ‘sikitita’. Posteriormente, diferentes entidades públicas y privadas han desarrollado nuevas variedades como ‘sikitita-2’, ‘martina’, ‘oliana’, ‘lecciana’, ‘coriana’, ‘1-15’ o ‘sultana’, que muestran bajo vigor, entrada temprana en producción y alto rendimiento graso, además de aceites con buenos perfiles sensoriales. Sin embargo, el abanico de variedades disponibles sigue siendo limitado y serán necesarias muchas más en los próximos años para cubrir diferentes necesidades relacionadas con la arquitectura de la planta, adaptación a factores limitantes, calidad de los aceites, etc. Todas las variedades anteriormente mencionadas descienden de cruzamientos donde siempre ha participado la variedad ‘arbequina’ o ‘arbosana’. Esto es debido a que ambas variedades están estrechamente relacionadas genéticamente, contribuyendo a una peligrosa homogeneidad genética en las nuevas variedades.
Paralelamente, la mejora genética también ha abordado otras necesidades del sector, como la resistencia a enfermedades. Para ello, se han desarrollado recientemente nuevas variedades como ‘urganova’, ‘cástula’ e ‘iliturgitana’ que combina alta resistencia a verticilosis con buenas características agronómicas y muy recomendables para zonas con alto riesgo de esta enfermedad. Este hecho, brinda la oportunidad a otras necesidades que puedan surgir, como por ejemplo en el caso de la resistencia a Xylella fastidiosa o promover variedades con alta resistencia a enfermedades fúngicas aéreas (repilo, aceituna jabonosa) para disminuir la dependencia de fungicidas para su control.
Mirando hacia el futuro, la mejora genética será una herramienta esencial para enfrentar los múltiples desafíos que se avecinan, en particular los relacionados con el cambio climático. Esto es debido a que un aumento en las temperaturas puede afectar negativamente a diferentes aspectos del cultivo, provocando fallos en la floración o la reducción de la estabilidad oxidativa de los aceites obtenidos. En cambio, la disminución de las lluvias incrementará el estrés hídrico y, por ende, la necesidad de identificar y desarrollar variedad más adaptadas a la sequía y, en general, a los nuevos escenarios ambientales.
No obstante, cabe señalar que la introducción comercial de nuevas variedades requiere de una experimentación extensa y prudente. Esto es debido a que el comportamiento agronómico de las variedades depende no sólo del componente genético, sino también de las condiciones ambientales a las que se expongan, lo que obliga a ensayar a cada variedad en diferentes entornos durante varios años antes de emitir recomendaciones fiables. De hecho, la falta de experimentación comparativa de nuevas variedades en condiciones homogéneas aconseja prudencia en su difusión y la necesidad de establecer campos de ensayo que permitan evaluar su comportamiento diferencial bajo condiciones agroclimáticas. Asimismo, una estrategia prometedora será fomentar plantaciones multivarietales, que combinen diferentes genotipos en una misma finca para diversificar el riesgo ante adversidades no siempre previsibles. También es necesario buscar, en el enorme acervo genético del olivo, variedades no relacionadas con ‘arbequina’, pero que tengan buena adaptación al cultivo en seto.
En conjunto, las nuevas variedades representan una herramienta clave para mejorar y garantizar la rentabilidad y sostenibilidad del cultivo, siempre sin descuidar la preservación del rico patrimonio genético tradicional, que podría ser la base para afrontar los retos venideros.
Fuente: Mercacei (06/05/2026)