La Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO), compuesta por 160 municipios y provincias olivareras de España, ha hecho entrega el pasado mes de abril, de sus galardones del ‘II Concurso AEMO a la Mejor Gestión Ambiental de Olivar y Almazara en España’ en la sede del Consejo Oleicola Internacional (COI). Este certamen, destinado a reconocer las mejores prácticas sostenibles en el sector olivarero, ha otorgado el primer premio ex aequo a los olivares más sostenibles a Cortijo Guadiana y El Valle del Conde, mientras que la Almazara Oro del Desierto ha sido galardonada como la almazara más sostenible.
La Finca Regenerativa Valle del Conde, situada en el corazón del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, ha sido premiada por su enfoque en la agricultura regenerativa. En sus 227 hectáreas de olivar de montaña, cultiva variedades de aceituna como picudo y picual en sistemas agroforestales que enriquecen la biodiversidad del entorno. El manejo de la cubierta vegetal se realiza mediante pastoreo controlado de 1.200 ovejas, lo que contribuye a minimizar la erosión del suelo incluso en pendientes pronunciadas.
"Lo que estamos haciendo no es nada nuevo, se trata de enmendar el error histórico cometido al desconectar la agricultura de la ganadería, que fue cuando nos hicimos esclavos de las grandes compañías que venden los insumos", explica Francisco Ruiz, director técnico de esta finca cordobesa convertida en referente en la regeneración de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático a través de la recuperación del suelo, de las relaciones entre seres vivos y el conocimiento científico. El Valle del Conde es un reducto montañoso de 230 hectáreas en el que las lomas y picos se entremezclan con un paisaje donde domina el olivar y que completa el bosque mediterráneo.
Este sistema permite la siega a diente de la cubierta vegetal de la entrecalle de forma controlada gracias a establos portátiles por toda la extensión de la finca, desplazando a los animales con un sistema previamente diseñado para evitar el sobrepastoreo y el infra pastoreo, que tan perjudicial puede ser para la vida del suelo y las plantas.
La ecología del pastoreo e interacción suelo-planta-herbívoro multiplica los servicios ecosistémicos que se obtienen con esta práctica.
· Se aprovechan los recurso naturales de la finca, en este caso las praderas, para alimentar al ganado.
· Se favorece la polinización de las plantas. En las épocas de floración, el polen se adhiere a la lana de las ovejas y en ella viaja de un lado a otro por la finca.
· A través del estiércol se facilita la dispersión de las semillas por el resto de las parcelas generando praderas más biodiversas.
· Todo este movimiento afecta irremediablemente a la topografía y la estructura de la vegetación, más rica, nutritiva y abundante pero también el resto de animales (grandes y microscópicos) se ven beneficiados por la actividad pastoril aumentando considerablemente la biodiversidad.
· Los pastos necesitan la ayuda de los rumiantes para mantenerse sanos y eficientes. Las gramíneas necesitan ser comidas para rebrotar eficientemente y fijar el carbono atmosférico en el suelo.
· Este sistema también es tremendamente beneficioso para el medio ambiente, ya que de cara al verano, se evita en gran medida el riesgo de incendios.
· Se potencia el secuestro de carbono, lo que contribuye a mitigar el cambio climático.
La finca también se distingue por la monitorización de plagas a través de 20 estaciones de vigilancia y por fomentar la biodiversidad, manteniendo un equilibrio natural con la fauna local, que incluye aves rapaces, reptiles, roedores, zorros y jabalíes.
Fuentes: www.aemo.es; www.elpais.es; www.valledelconde.com; 27/05/2025