
En el día de hoy, 26 de noviembre de 2024, celebramos el Día Mundial del Olivo. Esta fecha fue proclamada en la 40ª reunión de la Conferencia General de la UNESCO en 2019 con objeto de fomentar la protección de este árbol y de los valores que encarna, con el fin de valorar el significado social, cultural, económico y medioambiental que aporta a la humanidad.
La necesidad de conservar y de cultivar el olivo se multiplica a medida que el mundo se enfrenta y se adapta al cambio climático. En la actualidad, el olivar tiene un gran desafío frente al cambio climático, puesto que es un elemento clave en la reversión o reducción de sus efectos en busca de potenciar la sostenibilidad en los olivares. En este sentido, los olivares ejercen un beneficio medioambiental a la humanidad, ofreciendo un balance de carbono positivo, puesto que, absorben mayor cantidad de Dióxido de Carbono (CO2) procedente de la atmósfera del que se emite durante el proceso de producción de los aceites de oliva.
Además, es importante reforzar la protección del patrimonio cultural y natural, incluidos sus paisajes, que forman parte de la misión y la visión de la UNESCO. De hecho, la celebración del Día Mundial del Olivo refuerza el compromiso en favor del desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente.
Por su parte el Consejo Oleícola Internacional, que desde su fundación en 1959 lidera los esfuerzos para armonizar normativas, garantizar la calidad de los productos de la industria oleícola y promover el comercio internacional, destacan también que como homenaje sencillo pero solemne al olivo, esta declaración hace un llamamiento a los gobiernos e instituciones de todo el mundo para que elijan el olivo como protector de nuestro planeta. Además, pone de relieve el papel de la oleicultura en el desarrollo económico y social sostenible, pero también su función como arma clave en la lucha contra el cambio climático. El mensaje es claro: “elegir el olivo para proteger nuestro planeta y nuestra salud”.