
El proyecto internacional ‘BIOMEnext: Modelización de sistemas agrarios mediterráneos integrados de próxima generación basados en la biodiversidad’ tiene como objetivo implantar sistemas de cultivos innovadores, integrados y respetuosos con el medio ambiente para mejorar la resiliencia de la fruticultura mediterránea al cambio climático. Este proyecto está financiado por el Programa PRIMA de la Unión Europea, coordinado por la Universidad de Perugia (Italia) y el consorcio está compuesto por socios de Italia, Francia, Líbano, Marruecos, Túnez y España, donde participa la Unidad de Excelencia de Producción Agrícola y Medio Ambiente (AGRIENVIRONMENT) del Instituto de Investigación en Agrobiotecnología-CIALE de la Universidad de Salamanca y la Estación Experimental del Zaidín del CSIC de Granada.
La finalidad de esta iniciativa es diseñar olivares que sean capaces de resistir a las condiciones climáticas futuras marcadas por un aumento de las temperaturas y cambios en los patrones de precipitación, provocando un incremento de la tasa de evaporación y una disminución de la disponibilidad de agua en el suelo, así como un aumento de su salinidad, según la información difundida en la página web de la Agencia de Noticias para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (DiCYT).
En este sentido, se van a explorar genotipos tradicionales que muestren rasgos de resiliencia, desarrollar nuevos consorcios de microorganismos capaces de aumentar la tolerancia al estrés e introducir nuevas prácticas con el objetivo de reducir los insumos externos y los efectos negativos sobre el medio ambiente. Los nuevos modelos de olivares propuestos buscan mantener altos niveles cuantitativos y cualitativos de producción, incluso en contextos ambientales difíciles, priorizando en todo momento la sostenibilidad del cultivo del olivo.
Por su parte, los investigadores de la unidad AGRIENVIRONMENT de la Universidad de Salamanca liderada por Paula García Fraile pretenden aprovechar variedades tradicionales como los acebuches (olivos silvestres) y nuevos genotipos mejorados que faciliten la mejora de los olivares, priorizando el cuidado del medio ambiente. Para ello, van a explorar variedades locales y poblaciones naturales de olivos que siguen su desarrollo vegetativo en ambientes con condiciones extremas, con objeto de evaluar su tolerancia al estrés hídrico y salino desde un punto de vista genético. Además, tratarán de desarrollar nuevos consorcios microbianos, es decir, bacterias y hongos que puedan incrementar la resiliencia del olivo a los estreses ambientales e incluso mejorar su producción.
Finalmente destacar que los nuevos sistemas serán probados como modalidad de cultivo ecológico donde se integren los olivos con especies forrajeras, aumentando los servicios ecosistémicos y la biodiversidad del cultivo. En este punto, el uso de cubiertas vegetales mixtas puede aportar beneficios económicos y sociales a través de la transferencia de conocimientos entre agricultores y ganaderos, mejorando su interacción y la propia cadena de suministro. Así pues, se realizará una evaluación del impacto medioambiental y socioeconómico de cada propuesta y de los costes de gestión y producción en su repercusión con el precio de venta de los productos, permitiendo definir mejores estrategias para aumentar los ingresos de las explotaciones.